En busca de la marca Perdida: Los hijos del cambio
Posted: Sat Oct 03, 2026 8:23 pm
[b]Los Hijos del Cambio[/b]
Dicen que, cuando la piedra de Mordheim cayó del cielo, no solo trajo riqueza y muerte. También despertó cosas que llevaban siglos esperando bajo la tierra.
Entre los bosques que rodean las ruinas, una pequeña manada de Hombres Bestia escuchó una voz.
No era una voz como la de un hombre. No era tampoco el rugido de una bestia.
Era un susurro que cambiaba cada vez que intentaban recordarlo.
«Buscad lo que cayó del cielo. Traédmelo. Y conoceréis el siguiente camino.»
El Caudillo, Ghorvask el Astado, fue el primero en comprender que aquello no era una simple alucinación. Durante años había sobrevivido a emboscadas, cazadores y otras manadas. Había visto morir a sus hermanos y había aprendido que la fuerza por sí sola no garantizaba la supervivencia.
Pero aquella noche tuvo una visión.
Vio una enorme ciudad en ruinas. Vio una torre cubierta de llamas azules. Vio un tesoro enterrado bajo piedra negra y, sobre él, un símbolo imposible: un ojo rodeado de espirales.
Cuando despertó, tenía una marca en la palma de la mano.
Desde entonces, Ghorvask supo que Tzeentch, el Arquitecto del Destino, había puesto su mirada sobre él.
Pero los dioses no conceden regalos sin exigir un precio...
[b]La búsqueda del tesoro[/b]
Ghorvask reunió a los miembros de su manada y les contó la visión.
El Chamán, conocido como Urzak el Susurrante, confirmó sus palabras. Según sus augurios, en algún lugar de Mordheim se encontraba un tesoro que no era simplemente oro. Dentro había algo capaz de cambiar el destino de quien lo poseyera.
Una reliquia.
Un fragmento de piedra bruja.
Un artefacto.
O quizá algo mucho peor.
Urzak no sabía qué era exactamente.
Y Tzeentch no parecía tener intención de decírselo.
La única certeza era que debían encontrarlo.
El Caudillo prometió a su manada que, si entregaban aquel tesoro a su dios, Tzeentch recompensaría a aquellos que hubieran demostrado ser dignos.
Algunos sueñan con mutaciones que los conviertan en criaturas superiores.
Otros desean poder.
Otros simplemente quieren sobrevivir.
Pero todos tienen una razón para seguir a Ghorvask.
[b]Los que siguen al Caudillo[/b]
A su lado marcha Urzak el Susurrante, el chamán de la manada. Nadie sabe si sus visiones proceden realmente de Tzeentch o si el chamán se está volviendo loco. A veces habla con alguien que nadie más puede ver. Otras veces despierta gritando nombres de personas que todavía no han conocido.
Kragor y Vorgash son los guerreros más brutales de la banda. Ellos consideran la búsqueda una prueba enviada por su dios. Para ellos, cada enemigo abatido es una ofrenda y cada victoria una señal de que avanzan por el camino correcto.
El Malkor el Torcido, se unió a la manada después de seguir durante días una estrella azul que solo él podía ver. Dice que la estrella le mostró el camino hasta Ghorvask. El Caudillo decidió aceptar su palabra.
Nadie se atreve a preguntarle qué ocurrió con los hombres que encontró en el camino.
El grueso de la manada ason cazadores, saqueadores y guerreros. No entienden las complejas profecías de Urzak, pero sí comprenden una cosa:
quien encuentre el tesoro recibirá el favor de Tzeentch.
Tres grandes bestias siguen a la manada atraídos por el olor de la sangre y la comida. Ghorvask los tolera porque han demostrado ser excelentes cazadores y rastreadores. Urzak, sin embargo, asegura que uno de ellos tiene los ojos de un animal que todavía no ha nacido.
Nadie sabe qué significa eso.
[b]El lider, Ghorvask el Astado[/b]
Ghorvask no es un joven caudillo.
Es un guerrero **Curtido**.
Ha sobrevivido a suficientes batallas como para saber que las viejas historias de gloria suelen terminar con alguien muerto.
Por eso no busca simplemente la gloria.
Busca el favor de su dios.
Ghorvask cree que su vida ha sido una sucesión de acontecimientos cuidadosamente preparados por Tzeentch. Cada cicatriz, cada derrota y cada enemigo al que ha sobrevivido forman parte de un plan que todavía no comprende.
Y si consigue entregar el tesoro, quizá finalmente descubra cuál es ese plan.
Pero existe una duda que nunca comparte con el resto de la manada.
En su visión, cuando finalmente encontraba el tesoro, **no era él quien lo entregaba a Tzeentch**.
Era alguien que estaba detrás de él.
Alguien con sus mismos cuernos.
Su misma voz.
Y una sonrisa que Ghorvask no reconocía.
Desde aquella noche, el Caudillo duerme con un ojo abierto.
[b]El propósito de la banda[/b]
Los Hijos del Cambio han decidido seguir las pistas de la marca perdida para encontrar el tesoro señalado por Tzeentch y entregárselo a su dios.
Para conseguirlo tendrán que enfrentarse a humanos, enanos, pieles verdes y otras bandas quese encuentren en su camino y, quizá, a criaturas que ni siquiera deberían existir.
Pero Ghorvask no teme a sus enemigos.
Lo que realmente teme es que, cuando finalmente encuentre el tesoro, descubra que la verdadera prueba nunca fue encontrarlo.
Quizá la verdadera prueba sea decidir qué hacer con él.
Y quizá Tzeentch ya conozca la respuesta.
Porque para el Arquitecto del Destino, nada ocurre por casualidad.
Ni siquiera que esta manada haya llegado hasta las puertas de Zaragoz.
[quote]El cambio ha comenzado.
[/quote]
Dicen que, cuando la piedra de Mordheim cayó del cielo, no solo trajo riqueza y muerte. También despertó cosas que llevaban siglos esperando bajo la tierra.
Entre los bosques que rodean las ruinas, una pequeña manada de Hombres Bestia escuchó una voz.
No era una voz como la de un hombre. No era tampoco el rugido de una bestia.
Era un susurro que cambiaba cada vez que intentaban recordarlo.
«Buscad lo que cayó del cielo. Traédmelo. Y conoceréis el siguiente camino.»
El Caudillo, Ghorvask el Astado, fue el primero en comprender que aquello no era una simple alucinación. Durante años había sobrevivido a emboscadas, cazadores y otras manadas. Había visto morir a sus hermanos y había aprendido que la fuerza por sí sola no garantizaba la supervivencia.
Pero aquella noche tuvo una visión.
Vio una enorme ciudad en ruinas. Vio una torre cubierta de llamas azules. Vio un tesoro enterrado bajo piedra negra y, sobre él, un símbolo imposible: un ojo rodeado de espirales.
Cuando despertó, tenía una marca en la palma de la mano.
Desde entonces, Ghorvask supo que Tzeentch, el Arquitecto del Destino, había puesto su mirada sobre él.
Pero los dioses no conceden regalos sin exigir un precio...
[b]La búsqueda del tesoro[/b]
Ghorvask reunió a los miembros de su manada y les contó la visión.
El Chamán, conocido como Urzak el Susurrante, confirmó sus palabras. Según sus augurios, en algún lugar de Mordheim se encontraba un tesoro que no era simplemente oro. Dentro había algo capaz de cambiar el destino de quien lo poseyera.
Una reliquia.
Un fragmento de piedra bruja.
Un artefacto.
O quizá algo mucho peor.
Urzak no sabía qué era exactamente.
Y Tzeentch no parecía tener intención de decírselo.
La única certeza era que debían encontrarlo.
El Caudillo prometió a su manada que, si entregaban aquel tesoro a su dios, Tzeentch recompensaría a aquellos que hubieran demostrado ser dignos.
Algunos sueñan con mutaciones que los conviertan en criaturas superiores.
Otros desean poder.
Otros simplemente quieren sobrevivir.
Pero todos tienen una razón para seguir a Ghorvask.
[b]Los que siguen al Caudillo[/b]
A su lado marcha Urzak el Susurrante, el chamán de la manada. Nadie sabe si sus visiones proceden realmente de Tzeentch o si el chamán se está volviendo loco. A veces habla con alguien que nadie más puede ver. Otras veces despierta gritando nombres de personas que todavía no han conocido.
Kragor y Vorgash son los guerreros más brutales de la banda. Ellos consideran la búsqueda una prueba enviada por su dios. Para ellos, cada enemigo abatido es una ofrenda y cada victoria una señal de que avanzan por el camino correcto.
El Malkor el Torcido, se unió a la manada después de seguir durante días una estrella azul que solo él podía ver. Dice que la estrella le mostró el camino hasta Ghorvask. El Caudillo decidió aceptar su palabra.
Nadie se atreve a preguntarle qué ocurrió con los hombres que encontró en el camino.
El grueso de la manada ason cazadores, saqueadores y guerreros. No entienden las complejas profecías de Urzak, pero sí comprenden una cosa:
quien encuentre el tesoro recibirá el favor de Tzeentch.
Tres grandes bestias siguen a la manada atraídos por el olor de la sangre y la comida. Ghorvask los tolera porque han demostrado ser excelentes cazadores y rastreadores. Urzak, sin embargo, asegura que uno de ellos tiene los ojos de un animal que todavía no ha nacido.
Nadie sabe qué significa eso.
[b]El lider, Ghorvask el Astado[/b]
Ghorvask no es un joven caudillo.
Es un guerrero **Curtido**.
Ha sobrevivido a suficientes batallas como para saber que las viejas historias de gloria suelen terminar con alguien muerto.
Por eso no busca simplemente la gloria.
Busca el favor de su dios.
Ghorvask cree que su vida ha sido una sucesión de acontecimientos cuidadosamente preparados por Tzeentch. Cada cicatriz, cada derrota y cada enemigo al que ha sobrevivido forman parte de un plan que todavía no comprende.
Y si consigue entregar el tesoro, quizá finalmente descubra cuál es ese plan.
Pero existe una duda que nunca comparte con el resto de la manada.
En su visión, cuando finalmente encontraba el tesoro, **no era él quien lo entregaba a Tzeentch**.
Era alguien que estaba detrás de él.
Alguien con sus mismos cuernos.
Su misma voz.
Y una sonrisa que Ghorvask no reconocía.
Desde aquella noche, el Caudillo duerme con un ojo abierto.
[b]El propósito de la banda[/b]
Los Hijos del Cambio han decidido seguir las pistas de la marca perdida para encontrar el tesoro señalado por Tzeentch y entregárselo a su dios.
Para conseguirlo tendrán que enfrentarse a humanos, enanos, pieles verdes y otras bandas quese encuentren en su camino y, quizá, a criaturas que ni siquiera deberían existir.
Pero Ghorvask no teme a sus enemigos.
Lo que realmente teme es que, cuando finalmente encuentre el tesoro, descubra que la verdadera prueba nunca fue encontrarlo.
Quizá la verdadera prueba sea decidir qué hacer con él.
Y quizá Tzeentch ya conozca la respuesta.
Porque para el Arquitecto del Destino, nada ocurre por casualidad.
Ni siquiera que esta manada haya llegado hasta las puertas de Zaragoz.
[quote]El cambio ha comenzado.
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