En Busca de la Marca Perdida: Los Hijos del Foso
Posted: Mon Oct 05, 2026 2:12 pm
by Usta
Nadie recuerda con certeza cuándo comenzaron a llamarlos los Hijos del Foso.
Al frente está Tetraites el Rey, un hombre de pocas palabras y mirada fría. Llegó a Mordheim acompañado de dos veteranos que ya habían sobrevivido a demasiadas peleas como para temer a la siguiente. Prisco es el más veterano de los dos, silencioso y paciente; Vero, en cambio, disfruta demasiado cuando empieza una pelea y siempre parece estar buscando una excusa para continuarla.
Junto a ellos marcha Hakon Rompehuesos, un Matatrolls enano llegado del norte. Nadie sabe exactamente qué desgracia lo llevó hasta Mordheim, y nadie se atreve a preguntárselo. De momento combate con una pesada maza, pero lleva consigo un hacha enana y un guantelete de hierro cubierto de pinchos. Hakon asegura que llegará el día en que podrá utilizarlos. Sus compañeros prefieren no preguntarle contra quién.
Los cuatro perseguidores son los más jóvenes y escurridizos de la banda. Nim, Kesh, Tziki y Suri se mueven siempre juntos y rara vez permanecen quietos durante una pelea. Nadie sabe muy bien de dónde vienen ni por qué terminaron en los pozos de Mordheim. Lo único que está claro es que son rápidos, difíciles de atrapar y bastante más peligrosos de lo que aparentan.
No son una familia. Tampoco son amigos.
Son hombres que han aprendido que, en Mordheim, la única diferencia entre un luchador y un cadáver es quién consigue levantarse después de la pelea.
Tetraites no promete riquezas ni gloria. Sólo una cosa:
Que mientras uno de ellos siga en pie, los Hijos del Foso seguirán luchando.
Y en una ciudad como Mordheim, eso ya es una promesa bastante ambiciosa.
Re: En Busca de la Marca Perdida: Los Hijos del Foso
Posted: Mon Oct 05, 2026 2:20 pm
by Usta
Tetraites con estilo no muerto 115 coronas habilidad combatiente experto
Prisco con estilo no muerto 70 coronas
Vero estilo orco 55 coronas
Hakon con maza 53 coronas
4 perseguidores estilo eslizón 50x4
total 493 coronas
Re: En Busca de la Marca Perdida: Los Hijos del Foso
Posted: Sat Oct 10, 2026 3:13 pm
by Usta
Crónicas de Mordheim: La taberna de las patas cortas
Relato de la primera victoria, contado por los propios miembros de la banda.
Prisco, veterano de los Hijos del Foso
Si alguien os pregunta cómo vencimos a los exploradores enanos, decidle que fue gracias a una estrategia brillante de nuestro Rey. Si os pregunta en qué consistía, decidle que no estáis autorizados a revelar secretos militares.
Tetraites había estudiado al enemigo. Exploradores enanos: barbas largas, piernas cortas y una afición desmedida por cargar cerveza. En el otro extremo del campo de batalla teníamos a unos lagartos y unas ratas que, a juzgar por sus movimientos, se odiaban bastante más entre ellos que a nosotros.
El objetivo era controlar una taberna situada en el centro de la zona. Tetraites comprendió enseguida que aquella construcción sería la clave de la victoria.
—La taberna es nuestra —declaró.
—¿Y cómo lo sabes? —preguntó Vero.
—Porque he visto sus piernas.
No hubo más preguntas.
Una estrategia de una sutileza extraordinaria
Nuestro Rey ordenó a Suir y Tziki que se adelantaran para hostigar a los enanos. Armados con jabalinas, recibieron la misión de mantener a los barbudos ocupados y dificultar su avance.
La maniobra era impecable. Los enanos tendrían que preocuparse por los proyectiles, vigilar sus flancos y avanzar con cautela. Cada segundo que perdieran sería un segundo más para nosotros.
Y así, mientras nuestros dos perseguidores molestaban a la banda enana Tetraites condujo al grueso de la banda hacia la taberna.
El terror que vino del edificio
Los lagartos, entretanto, se habían acercado a un edificio cercano. Allí ocurrió algo que ninguno de nosotros pudo ver con claridad.
Primero se oyó un ruido.
Después, un grito.
Y, por último, vimos a los lagartos salir de allí con una velocidad que habría hecho llorar de envidia a cualquier caballo de carreras.
No sabemos qué encontraron dentro. Algunos dicen que fue una criatura monstruosa. Otros, que vieron algo tan espantoso que ni siquiera merece un nombre. Vero sostiene que debió de ser un cobrador de impuestos.
Sea lo que fuere, los lagartos abandonaron sus posiciones sin presentar batalla.
Los skaven tampoco parecían interesados en nuestra taberna. Se dedicaron a combatir contra los propios lagartos en algún lugar alejado de nuestra vista. De vez en cuando llegaban hasta nosotros sonidos de golpes, chillidos y juramentos en idiomas que preferimos no aprender.
Aquello nos venía estupendamente.
No podíamos haber diseñado una situación más favorable: los lagartos aterrorizados, las ratas ocupadas en pelearse con ellos y los enanos demasiado lejos para intervenir.
Tetraites observó el panorama desde la taberna.
—Todo marcha según lo previsto —dijo.
Vero me miró. Yo miré a Vero.
No íbamos a ser nosotros quienes le lleváramos la contraria.
Una pedrada, un chichón y un héroe inesperado
No todo salió perfecto.
Kesh recibió una pedrada lanzada por lo que parecía una simple sombra, dudamos entre si fue un lagarto de esos pequeños o un de esas asquerosas ratas. Durante unos instantes, temimos lo peor. Una baja tan temprana habría sido un golpe doloroso para la banda.
Pero, cuando terminó el revuelo, descubrimos que seguía vivo.
Un chichón considerable, eso sí.
Kesh asegura que fue un ataque cobarde y que, de haber tenido al enemigo delante, le habría enseñado una lección. Nadie le ha preguntado por qué no se levantó inmediatamente para hacerlo.
Tetraites recibió la noticia con la misma expresión imperturbable de siempre.
—¿Ha muerto?
—No, señor. Solo tiene un chichón.
—Entonces que deje de quejarse y aprenda a esquivar piedras.
Kesh todavía protesta por aquella respuesta.
Lo cierto es que sobrevivió, y en Mordheim eso ya cuenta como una pequeña victoria.
Nim, guardián de la puerta
Mientras Tetraites y el resto de la banda manteníamos la taberna bajo nuestro control, los enanos finalmente consiguieron acercarse lo suficiente como para amenazar nuestra posición.
Fue entonces cuando Nim, armado con su tridente y su rodela, se encontró frente a dos matatrolls enanos.
Dos contraontra uno. Nim no retrocedió.
Plantó los pies, alzó el tridente y se dispuso a defender la entrada. Los enanos atacaron, pero el pequeño perseguidor resistió con una tenacidad extraordinaria. Durante aquellos instantes, la puerta de la taberna se convirtió en un muro que los barbudos no pudieron superar.
Desde el interior, Vero contempló la escena.
—¿Crees que aguantará?
—No —respondí.
Nim bloqueó otro ataque.
—Pues parece que sí.
—He dicho que no creo que aguante. No que vaya a decírselo.
Pero Nim aguantó.
Y no solo eso: cuando terminó el combate, había demostrado que era mucho más que un perseguido escurridizo con una rodela. Había mantenido a raya a dos enemigos formidables y comprado el tiempo necesario para asegurar nuestra victoria.
Aquella jornada le había enseñado algo que ningún entrenamiento podía sustituir: cómo sobrevivir cuando la muerte intenta abrirse paso a golpes de hacha.
Nim salió de la batalla convertido en un luchador más experimentado, con una iniciativa mejorada que sus compañeros no tardarían en notar.
Tetraites lo recibió con un breve asentimiento.
—Bien hecho.
Tratándose de nuestro Rey, aquello equivalía prácticamente a una ceremonia de coronación.
El hacha que apareció en el mercado
La batalla había terminado, las cuatro piedras brujas estaban a buen recaudo y Tetraites había comenzado a repartir las ganancias. Sin embargo, Hakon Rompehuesos seguía de mal humor.
La maza era un arma respetable, por supuesto. Pero un enano del norte no puede pasarse la vida golpeando a sus enemigos con un trozo de hierro cuando podría estar cortándolos en dos con un hacha como los antepasados mandan.
Así que se dirigió al mercado.
Allí encontró a un comerciante que vendía un hacha enana. El arma era buena, estaba bien equilibrada y tenía un filo que Hakon aprobó con un gruñido. El problema era el precio.
—Veinte coronas —anunció el mercader—. Es una pieza excepcional. Y no pienso rebajar ni una moneda.
Hakon dejó el hacha sobre el mostrador.
—Quince.
—¡Veinte! ¡Y considérate afortunado! ¡Un arma como esta podría costar el doble!
El enano lo observó en silencio. Después apoyó ambas manos sobre el mostrador, que crujió de una manera poco tranquilizadora.
—Quince.
El enano entonces crujió sus dedos y empezó a avanzar hacia el mercader con cara de pocos amigos
—¿He mencionado que tengo que alimentar a una familia numerosa? —preguntó.
—No.
—Pues la tengo. Una familia muy numerosa.
—Quince.
El comerciante suspiró. Hizo desaparecer el hacha bajo el mostrador y volvió a sacarla envainada en un trozo de tela.
—Trato hecho. Quince coronas. Pero que conste que me estás arruinando.
Hakon pagó y se marchó sin despedirse.
Desde la puerta, Tetraites, que había presenciado la escena, comentó:
—Una negociación excelente.
—No ha negociado —respondió Prisco—. Ha amenazado a un comerciante.
—Y ha conseguido el precio que quería —replicó el Rey—. Eso es negociar.
Vero se rio tanto que casi se atragantó.
Hakon, por su parte, ya estaba pensando en el guantelete con pinchos que necesitaría para completar su equipo.
El robo más rentable de Mordheim
Mientras todo aquello sucedía, uno de nuestros perseguidores había descubierto una oportunidad de negocio.
Los enanos habían traído un carromato cargado de provisiones. Y, por algún descuido inexplicable, lo habían dejado lo bastante desprotegido como para que uno de los nuestros se hiciera con él.
Nuestro hombre se acercó, examinó la carga y tomó una decisión.
Se llevó nueve de las diez provisiones.
Nueve.
Dejó una atrás, quizá por compasión, quizá porque no le cabía más, o quizá para que los enanos tuvieran algo con lo que alimentarse durante el camino de vuelta.
Cuando terminó la batalla, el carromato ya no era asunto de los enanos.
Era asunto nuestro.
Lo verdaderamente admirable vino después. En lugar de vender las provisiones a algún mercader de dudosa reputación, Tetraites negoció directamente con sus legítimos propietarios.
Les vendimos parte de lo que les habíamos robado.
A dos coronas por provisión.
—¿No deberíamos cobrar más? —preguntó Vero.
Tetraites negó lentamente con la cabeza.
—No confundas la codicia con los negocios. Es un buen dinero y prefiero tenerlos como amigos
Prisco asintió, impresionado.
—Una lección magistral de comercio.
Los enanos pagaron. No sabemos si por necesidad, por vergüenza o porque todavía estaban intentando averiguar dónde habían dejado el carromato.
Lo cierto es que conseguimos coronas, provisiones y una historia que contar en las tabernas.
Y todo ello sin tener que combatir por la mercancía.
Cuando finalmente pudimos registrar la zona, encontramos también cuatro piedras brujas.
Cuatro.
No era el tesoro que permitiría a Tetraites comprar una mansión y retirarse de la vida aventurera, pero en Mordheim nadie desprecia una piedra bruja. Son pequeñas, peligrosas y valen mucho más de lo que deberían. Algo parecido puede decirse de algunos de nuestros compañeros.
Con las coronas obtenidas y el botín asegurado, el Rey tomó una decisión: reforzar la banda.
Un nuevo rostro entre los Hijos del Foso
Con las ganancias de la expedición, Tetraites decidió ampliar la banda. Necesitábamos otro perseguidor: alguien rápido, discreto y lo bastante sensato como para no discutir con Hakon sobre precios.
El elegido fue Riku, un joven de aspecto nervioso y mirada despierta. No hablaba mucho, aunque parecía tener buen ojo para encontrar caminos por los que otros no podían pasar.
Cuando le preguntaron por qué quería unirse a los Hijos del Foso, respondió:
—He oído que pagáis puntualmente.
Tetraites asintió.
—Mientras cumplas con tu trabajo.
Riku miró a Hakon, que estaba comprobando el filo de su nueva adquisición.
—¿Y qué pasa si no lo cumplo?
—Entonces tendrás una conversación con él sobre tus obligaciones.
Riku aceptó el puesto inmediatamente.
Así, los Hijos del Foso crecieron un poco más. Y mientras Tetraites calculaba cuánto costaría mantener a otro hombre, Prisco llegó a una conclusión que compartió en voz baja con Vero:
—Nuestra banda tiene un problema.
—¿Cuál?
—Cada vez somos más.
—Eso no es un problema.
—No. Pero cada vez que conseguimos dinero, Tetraites encuentra una manera de gastarlo.
Vero contempló a Hakon, que ya estaba preguntando dónde podía conseguir un guantelete con pinchos.
—Al menos esta vez hemos comprado un hacha.
Los Hijos del Foso habían ganado su primera batalla.
Y, aunque nadie se atrevía a decirlo en voz alta, empezaba a correr un rumor entre sus hombres:
Quizá Tetraites supiera realmente lo que estaba haciendo.
O quizá, sencillamente, los dioses de Mordheim tuvieran un sentido del humor bastante peculiar.
Re: En Busca de la Marca Perdida: Los Hijos del Foso
Posted: Sat Oct 10, 2026 3:35 pm
by Usta
Actualización de la banda,
Tetraites con estilo no muerto 115 coronas habilidad combatiente experto
Prisco con estilo no muerto 70 coronas
Vero estilo orco 55 coronas
Hakon con maza 53 coronas, se ha comprado un hacha enana por 15 coronas
4 perseguidores estilo eslizón 50x4 +1 nuevo +50 y lo uno al grupo que ha subido de experiencia y tiene 2 puntos de exp así que +4
coseguí 4 piedras brujas, vendidas por 70 coronas, vendí 5 provisiones por 10 coronas, más las 7 coronas que me quedaban, menos 69 del hacha y el nuevo perseguidor, me quedo en 19 coronas, además de 30 provisiones, por tanto en el carromato hay 19 coronas + 30 provisiones
He conseguido 6 puntos de campaña
Valoración de la banda:638