Como dije, en este post iré poniendo las actualizaciones sobre el juego, partidas, imágenes, etc.
El caso es que en la web se puede ver la última entrada que he metido, sobre la segunda partida de la campaña que jugamos en el club El Batallador a principios de 2015.
https://dungeonsyjuegos.wordpress.com/2015/08/20/campana-las-puertas-del-caos-aventura-2/Esta partida fue épica, por cómo se consiguió el objetivo in extremis, gracias a que el jugador oscuro (el menda), sacó dos unos consecutivos con dos dados de 12 caras, lo que cambió el curso del combate final, cuando los héroes parecían sentenciados (ese doble uno significó la rotura del arma, a manos desnudas poco pudo hacer el caudillo hombre bestia)
Pego lo descrito en la web aquí (en septiembre jugamos campaña en Atalaya, aunque el malote será Sheix, yo descanso una temporadita, ya que casi siempre hago de malo)
Segunda partida de la campaña Las puertas del Caos. Denominada: "Las bestias bajo la montaña"
El grupo de héroes, tras conseguir la primera misión en la ciudad skaven, se las prometían muy felices en este dungeon. Esta es una foto del dungeon completo, una vez desvelado por completo al final de la partida. El objetivo era conseguir el segundo amuleto que les permitiría crear un portal para acceder a la morada del demonio Izigarl.

Aquí, una foto del dungeon antes de comenzar la partida, con la sugerente sombra de batalla creada con simples servilletas negras:

Los héroes (en esta ocasión 3 de ellos, pues el mago se encontraba indispuesto

), dispuestos en la primera sección de entrada, ante una puerta cerrada con llave, y acompañados por 3 mercenarios (un espadero, un espadachín y un ballestero).

Al principio se encontraron con una fuente mágica que restauraba heridas recibidas, al fondo del pasaje vieron una poza y varias puertas dispuestas alrededor.

Tras abrir una sala atravesada por un canal de aguas rápidas, el asesino consiguió saltar sobre el mismo y activar una palanca junto al muro. Esto abrió un pasadizo, pero mientras los héroes esperaban junto a las aguas estancadas, un gusano gigantes emergió de las mismas. La bestia ganó la tirada de sorpresa y pareció que iba a engullirlos, pero no fue así. El paladín consiguió adelantarse y cercenó con facilidad (ayudado después por el herrero rúnico enano) la cabeza del gusano, que resultó más temible que efectivo. Del inicio del pasillo por el que habían venido aparecieron dos hombres bestia armados con hachas arrojadizas. Regresaban del exterior, del bosque, pero tampoco pudieron hacer nada contra los héroes.

Después decidieron entrar en la oscura sala que la palanca había permitido descubrir. Estaba repleta de una piara de serpientes que ahuyentaron con fuego griego. Más tarde subieron la escalinata y se encontraron con una ancha grieta muy difícil de superar. La caída resultaba fatal, de manera que prefirieron no arriesgarse y explorar otras puertas que habían dejado atrás, pese a que había una sugerente trampilla en el suelo a la que solo podía accederse saltando.

De camino hacia el otro extremo no explorado del dungeon, fueron emboscados por dos hombres bestia que aguardaban en una esquina. Solventaron el problema y decidieron abrir una puerta maciza y revestida de hierro que tenía frente a ellos.

La puerta daba a la sala de un shamán, quien, en su soledad, poco pudo hacer para enfrentarse a todo el grupo. Apenas consiguió realizar algún sortilegio, inocuo ante la protección mágica del herrero rúnico, quien se encargó de cargarle cuanto antes para evitar recibir proyectiles mágicos.

Jubilosos tras derrotar con facilidad al chamán y encontrar un pequeño tesoro en una habitación oculta, registraron bien todos los cadáveres y el mobiliario. Luego avanzaron hacia otras puertas. Terminaron en una sala bien decorada y cubierta de estatuas, donde había una trampilla (oculta tras una de ellas), una puerta y un muro de fuego que parecía insalvable si quería descubrirse lo que existía más allá.

Accedieron por la trampilla, que conectaba con la encontrada más allá del desfiladero que no se habían atrevido a saltar. Esto les llevó a unas escaleras descendentes, donde sorprendieron a un minotauro.

En las habitaciones contiguas hallaron un comedor y una armería. Los tres guerreros hombres bestia que descansaban allí dieron buena cuenta por sus cabezas, consiguiendo matar a uno de los mercenarios.

Habiendo recorrido todo lo explorable, no les quedó más remedio que atravesar el muro de fuego para descubrir lo que habría más allá. El ballestero mercenario, herido como estaba, prefirió no arriesgarse a recibir más heridas y se quedó al otro lado, protegiendo el camino de vuelta en caso de retirada. Los héroes atravesaron el muro recibiendo algunas quemaduras, y antes de sobreponerse descubrieron que habían entrado en una amplia sala alargada, donde un ogro dragón los esperaba con los ojos inyectados en sangre. Le acompañaban tres guerreros hombres bestia, que se apresuraron a adelantarse para combatir.

Pese a la dureza del combate, todos los héroes y el mercenario espadero que habían entrado en la sala consiguieron sobrevivir, aunque con su resistencia mermada y varios puntos de Destino agotados. Confiaban en que la escalinata flanqueada por antorchas que tenían ante ellos fuera el prólogo a la sala de gesta que buscaban desesperadamente. Y así fue. Solo que encontraron más enemigos de los que esperaban.

No, los enemigos no eran las latas de Aquarius que se ven al fondo, sino un caudillo hombre bestia, varios guerreros, un pestigor y un gigantesco ogro. El Jugador Oscuro agotó todos sus puntos de reserva y sus cartas en esta sala, por lo que los jugadores sabían que había que echar el resto. Tenían el éxito de la misión al alcance de la mano... y de varios mandobles. El combate fue muy duro. Primero cayó el mercenario. Poco a poco los héroes tuvieron que retroceder, intentando mantenerse firmes en la entrada, donde la estrechez les facilitaba el combate ante un grupo más numeroso. Al final se vieron obligados a ceder terreno. El combate final con el caudillo, el último rival, fue épico. El enano cayó a los pies de las escaleras, mientras el asesino descargaba una y otra vez flechazos y el paladín intentaba sin éxito dar una estocada mortal. En el momento en que el paladín parecía desfallecer, lo que dejaría al asesino en desventaja, pues era mejor combatiendo a distancia frente a ese terrible enemigo, sucedió lo increíble. El caudillo hombre bestia fue a dar el golpe de gracia contra el paladín, para quitarle la última herida de resistencia, el último suspiro. Pero sacó un 1 en el dado de 12 caras para impactar. Volvió a lanzar el dado y... ¡obtuvo otro 1! Al caudillo se le partió el hacha a dos manos en el último instante, quedando inutilizada. Con las manos desnudas, poco pudo hacer ante los dos héroes, que terminaron por ajusticiarle. Así, con la fortuna de su lado, la pareja de personajes registraron la sala de gesta, localizaron el fragmento de amuleto y salieron poco a poco del dungeon, arrastrando el cadáver del enano y escoltados por el mercenario que aguardaba tras el muro de fuego (muro que, afortunadamente, tampoco chamuscó a los héroes en su regreso). Con el dinero recogido podrían pagar a un hechicero para resucitar el héroe enano, siempre que tuvieran prisa, pues el alma no podía abandonar el cuerpo.

Con esto finalizó la segunda partida, el segundo dungeon de la campaña "Las puertas del Caos".