Si algo había en Elthin Arvan eran goblins; estaban en las montañas, en los bosques, en los valles, en las grutas… y parece que también en las islas misteriosas… Elas sabía que si quería controlar la playa y asegurar el templo debía enfrentarse a esas escurridizas criaturas.
Elas levanto su espada y liquidó a la última bestia con forma de bola y llena de dientes; estaba cubierto de sangre, tanto la suya como la de las bestias que acababa de liquidar a duras penas.
Miró a su alrededor, la batalla iba bien. Las hermanas y los arqueros, posicionados en una arboleda cercana, estaban diezmando al enemigo a buen ritmo, de hecho, el general goblin, montado en una de esas bestias bola, estaba intentando llegar hasta su posición, pero estaba siendo acribillado por las flechas blancas asur. Por otro lado, los leones blancos habían asegurado el templo y aguantaban estoicamente la lluvia de flechas de los arqueros enemigos. Elas se encontraba en el centro de la playa, herido pero todavía con fuerzas, y flanqueado por sus nobles amigos a caballo; enfrente tenían un rebaño de bestias bola, la maniobra estaba clara – ¡A la carga! ¡Por la casa Tallaindeloth!
Elas se sentía pletórico, él y sus compañeros arrasaron con las bestias y sus cuidadores, para después alcanzar a los odiosos arqueros y al traicionero mago goblin. Ese combate se prometía sencillo, barrerían a los goblins de la colina y la playa sería suya en cuestión de poco tiempo. Entonces algo raro pasó, de la unidad de arqueros salió una especie de goblin poseso, gritando, echando espumarajos por la boca y dando vueltas a una bola gigante de hierro. Todo pasó muy rápido, el goblin atravesó la unidad de yelmos, lanzando a sus compañeros por los aires, cuando se quiso dar cuenta tenía al desquiciado goblin encima; lo siguiente fue un golpe y oscuridad.
Despertó en la arena bañada por las olas, la cabeza le daba vueltas y le dolía terriblemente, se la tocó y noto una brecha ya con una costra de sangre reseca. Mientras intentaba incorporarse entre vio una imponente figura acercarse, era Thandoril, el veterano campeón de los leones blancos y jefe de la escolta de los magos de la expedición – Capitán – dijo mientras les tendía una mano enguantada. Si no le doliese tanto la cabeza le habría entrado la risa, solamente un guerrero tan adusto como Thandoril sería capaz de acercarse a su capitán mal herido, después de una encarnizada batalla y decir una única palabra con tono seco. - ¿Qué ha pasado? ¿Dónde están los goblins? Quiero un informe completo. Mientras se levantaba a duras penas ayudado por el león blanco escuchó el marcial resumen – Los goblins están es su mayoría muertos y los pocos que no han huido; su general sucumbió bajo las flecha de nuestros arqueros; después el fuego combinado de las hermanas y los arqueros pusieron en fuga al chamán y los arqueros goblinoides; la victoria es nuestra, la playa está asegurada y el templo protegido; nuestras bajas son pocas, en su mayoría de sus compañeros yelmos.
Elas tenía sentimientos encontrados; por un lado la alegría de la victoria total, su primera experiencia como líder de una hueste militar no podía ser mejor; por otro la tristeza de tener que enterrar a algunos amigos en esa isla remota, sabiendo además que podría haberlo evitado si no hubiese subestimado a los goblins.
